Terapia Génica

Por Omega12 | Ver Página Home

 

"Y así, después de tantos años de investigación por parte de científicos de todo el mundo, de generaciones llenas de enfermedades, muerte y desgracia, el ser humano ha tomado el rumbo de su propia evolución. La palabra enfermedad desaparecerá de nuestra lengua y las enfermedades hereditarias simplemente dejarán de existir para nuestros hijos".

Hay un segundo de silencio. Todo el mundo escucha expectante el discurso de aquel hombre que proclama a los cuatro vientos algo que se venía sabiendo desde hace más de 20 años. El discurso asegura la masificación de la Terapia Génica, una de las políticas sanitarias más arriesgadas de las Naciones Unidas.
El Científico bebe agua mientras los ojos de todo el mundo se fijan en este momento histórico. Es la luz verde para poder modificar el genoma, la luz verde para poder alterar la condición humana...
Por un precio, claro está.

"Por eso, humanidad, hemos de estar orgullosos de este logro. Nunca antes en la historia se había alcanzado tanto. Nunca en toda la existencia de la raza humana se había estado tan seguro del futuro nuestra salud, porque hemos reescrito nuestro código, ocupando el don de la inteligencia otorgado por el Creador para poder escribir nuestro destino en el libro más importante de todos, el libro del ADN".

El público era suyo, la humanidad entera era suya. Su discurso estaba siendo traducido a todos los idiomas y en todos los horarios se podían ver esos ojos verde esmeralda y esa sonrisa carismática en su rostro. Detrás del telón se encontraban hombres y mujeres bien vestidos y con maletines negros. Unos miraban el reloj, otros, detrás del cortinaje, miraban a los periodistas embobados en la rueda de prensa del 9 del 11 del 2033. Un hombre sonreía mientras imaginaba los hilos detrás de sus movimientos agresivos, pero cautivadores, como si fuera un felino a control remoto.

"Desde este instante, seremos libres de enfermedades, libres de escoger nuestro propio camino, sin miedo a la muerte".

Había acabado. La ola de aplausos duró varios minutos mientras el ego del expositor aumentaba. Las mujeres lloraban de alegría y los hombres admiraban esa posición de liderazgo absoluto.
Un hombre tranquilo, vestido informalmente, se abrió paso entre la multitud para poder acceder a la tarima donde el Científico intocable estaba recibiendo halagos.

- ¡Señor, disculpe Señor! - El hombre trataba inútilmente de hablar mientras el Científico se veía abrumado por una avalancha de felicitaciones debido a que había creado un futuro tan brillante que amenazaba con dejarnos ciegos.

Al menos, eso pensaban los periodistas.

- Señor… Disculpe… - El hombre repitió de nuevo sus súplicas, ya que no parecía que lo escucharan ni recibía atención de nadie. El, simplemente, no existía.
- ¡Señor! ¡Es importante! ¡Escuchen! - El hombre exasperado gritaba al tiempo que los colores se le subían al rostro. Su mirada apacible cambió a furiosa y su espalda angosta, así como su cuerpo, adquirieron una inusitada energía.

El público y el Científico guardaron por fin silencio. Las personas detrás de la cortina atisbaron a observar el espectáculo. ¿Quién era ese indigente? ¿Qué quería? Los de Seguridad tendrían que haberlo molido a palos por su intromisión inesperada, pero sólo por curiosidad lo dejarían hablar. No es peligroso, pensaban.

El hombre todopoderoso, lo escuchaba, así como todos los reporteros, y el mundo en general. ¿Se podía criticar tal avance científico?. En honor de la democracia, era necesario escuchar al disidente, reírse de él, burlarse de él. La situación era la guinda de la torta que manifestaba claramente la superioridad de la Ciencia frente a la naturaleza.





El hombre tranquilo, de barba incipiente, ropa sucia y sin planchar, tembló un poco y balbuceo las siguientes palabras mientras sus piernas temblaban:
- Señor… ¿Esta medida, es universal? ¿Se va a aplicar a todos los seres humanos?

El Científico esperaba esa pregunta y ya tenía una respuesta afilada como una katana, fuerte como un camión e ineludible como la muerte:
- Así es. El decreto universal es para todos los seres humanos nacidos en el planeta Tierra, sin excepción. Se implementará en cada sector civilizado donde los seres humanos puedan desarrollarse. El gasto en salud disminuirá, la tasa de natalidad será genéticamente controlada y no habrá problemas laborales.

El público quedó pasmado ante esa resolución. Tanta maravilla, ¿Era verdad?. Sí, debía serlo.

- Pero… ¿No está limitando el potencial humano a sólo uno o dos prototipos específicos? ¿No habrá azar? ¿Vivirán más las generaciones futuras? ¿Hay lugar para sustentar tanta población? ¿No es antinatural?

El hombre todopoderoso sonrió en tono despectivo. Los periodistas, tensos al principio se relajaron y algunos emitieron una carcajada de desprecio. Sin embargo, los hombres detrás de la cortina percibieron el peligro y uno de ellos dio una orden en tono muy serio. Dos segundos después varios guardias de seguridad comenzaron a acercarse sigilosamente al intruso.

- Joven… Esperaba más de usted. Todas estas preguntas están contestadas. Han sido hechas por personas como usted y contestadas por Científicos Expertos como nosotros. Al eliminar errores innecesarios en el genoma lo que hacemos es expandir nuestro potencial y no limitarlo. El azar no existe. Lo que existe es la perfección de nuestro propio intelecto luchando contra una naturaleza cruel que crea ejemplares débiles. Hay lugar para sustentar a los niños porque cada pareja tendrá sólo un hijo, o dos como máximo. Ningun detalle fue dejado al azar. ¿Es antinatural? Sí, lo es. ¿Eso le preocupa? Desde que dejamos las cavernas somos antinaturales, así que no me venga con esa historia. Le torcimos la mano al destino y triunfamos.

El hombre de ropas descuidadas mostraba ira en su rostro, una ira de la misma intensidad que la lástima y burla que sentían los demás por él.
Los guardias de seguridad rodearon a su presa desde cuatro puntos distintos, mientras ésta seguía tratando de luchar contra el León que distrae a la humanidad y que sólo existe para ocultar al actual Rey de este Mundo.

- ¡Deje de mentir! ¡Todos ustedes! ¡Dejen de sonreír! ¿Creen que no tendrá consecuencias alterar nuestro genoma? ¿Creen que libertad es ser igual a un modelo preestablecido? ¿Piensan que todos los seres humanos podrán verdaderamente acceder a ésto? ¿De verdad creen que los recursos fueron destinados para garantizar el acceso igualitario? ¡No! ¡Eso no pasará! Aumentarán las diferencias entre Ellos y nosotros y será tan horrible que pareceremos especies distintas. Habrá consecuencias lógicas y terribles, pero hoy día nadie quiere verlas.

Al hombre todopoderoso se le acabó la sonrisa del rostro. Los periodistas lo miraban y un hombre detrás del escenario apretaba la mandíbula y un botón rojo, mientras las cámaras sutilmente colocaron una grabación de unos minutos antes, superponiendo la realidad de manera tan rápida y mortal que nadie notó el cambio.

Los gorilas defensores del macho alfa se abalanzaron sobre el cervatillo...

- Mamá… La escena cambió. ¿Por qué ese hombre tenía tanta rabia?
La madre miró a su hijo - un niño huesudo, vestido con ropa prestada, mirada inocente y zapatos rotos - al tiempo que una imagen renderizaba toda la escena en el televisor.
- Porque él sabe que estamos condenados.





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