Tablillas
Cuneiformes
Instrucciones
para llegar a la Tierra desde el espacio
Libro: El 12º Planeta
Autor: Zecharia
Sitchin
[Nota: el duodécimo planeta estaría más allá de Plutón y algunos
astrónomos le llaman “Planeta X”]
Nunca sabremos si, dentro de quién sabe cuántos años o siglos, alguien,
en otro planeta, encontrará y comprenderá el mensaje que se puso en la placa del
Pioneer 10. Del mismo modo, quizás se considere absurdo esperar que encontremos
en la Tierra una placa similar, pero al revés, una placa que diera información
a los terrestres sobre la localización y el rumbo del Duodécimo Planeta.
Y,
sin embargo, tan extraordinaria evidencia existe.
Esta evidencia está en una tablilla de arcilla que se encontró
en las ruinas de la Biblioteca Real de Nínive. Como otras muchas tablillas,
es, indudablemente, una copia asiria de una tablilla sumeria anterior. A diferencia
de las demás, es un disco circular; y, aunque algunos signos cuneiformes que hay
en ella se han conservado excelentemente bien, los pocos expertos que se tomaron
el trabajo de descifrarla terminaron diciendo de ella que era «el más desconcertante
documento mesopotámico».
En 1912, L. W. King, posteriormente conservador de las antigüedades
asirías y babilonias del Museo Británico, hizo una meticulosa copia del disco,
que está dividido en ocho segmentos. En las partes no deterioradas, aparecen formas
geométricas que no se han visto en ningún otro objeto antiguo, diseñadas y dibujadas
con considerable precisión. Entre ellas hay flechas, triángulos, líneas de intersección
e, incluso, una elipse -una curva geométrico-matemática que, con anterioridad
al descubrimiento, se creía que no conocían en la antigüedad.
La inhabitual y desconcertante placa de arcilla se puso por primera
vez ante la mirada de la comunidad científica en un informe presentado ante la
British Royal Astronomical Society el 9 de Enero de 1880. R. H. M. Bosanquet
y A. H. Sayce, en uno de los primeros discursos que se hicieron sobre «La
Astronomía Babilonia», se refirieron a ella como un planisferio (la reproducción
de una superficie esférica en una mapa plano), y anunciaron que algunos signos
cuneiformes de la placa «sugieren medidas... parecen tener algún significado técnico».
Los muchos nombres de cuerpos celestes que aparecen en los ocho
segmentos de la placa dejan claro su carácter astronómico. Pero Bosanquet
y Sayce estaban especialmente intrigados con los siete «puntos» de uno
de los segmentos. Decían que quizás representaran las fases de la Luna, si no
fuera por el hecho de que los puntos aparecían a lo largo de una línea donde se
citaba a «la estrella de estrellas» DIL.GAN y a un cuerpo celeste llamado APIN.
«No cabe duda de que esta enigmática figura es susceptible de
una explicación sencilla», decían. Pero sus esfuerzos por dar esa explicación
no fueron más allá de la lectura correcta de los valores fonéticos de los signos
cuneiformes y la conclusión de que el disco era un planisferio celeste.
Cuando la Royal Astronomical Society publicó un esbozo
del planisferio, J. Oppert y P. Jensen avanzaron algo más en la
lectura de los nombres de alguna estrella o planeta. En 1891, el Dr. Fritz
Hommel, en un artículo publicado en una revista alemana («Die Astronomie
der Alten Chaldaer»), llamó la atención sobre el hecho de que cada uno de
los ocho segmentos del planisferio formaba un ángulo de 45 grados, por lo que
llegó a la conclusión de que en la tablilla se representaba un barrido total del
firmamento -los 360 grados de los cielos. Y sugirió también que el punto focal
marcaba alguna situación «en los cielos babilonios».
Así quedó el tema hasta que Ernst F. Weidner, en un artículo
publicado en 1912 (Babyloniaca: «Zur Babylonischen Astronomie») primero,
y después en su principal libro de texto Handbuch der Babylonischen Astronomie
(1915), analizó exhaustivamente la tablilla, sólo para concluir que no tenía sentido.
Su desconcierto vino provocado por el hecho de que, mientras
las formas geométricas y los nombres de las estrellas o planetas escritos dentro
de los distintos segmentos eran legibles o inteligibles (aun cuando su significado
y propósito no estuvieran claros), las inscripciones a lo largo de las líneas
(que discurren en ángulos de 45 grados entre sí), simplemente, no tenían sentido.
Constituían, invariablemente, una serie de sílabas repetidas en la lengua asiría
de la tablilla. Iban, por ejemplo, así:
Lu bur di lu bur di lu bur di
Bat bat bat kash kash kash kash
alu alu alu alu
Weidner llegó a la conclusión de que la placa era tanto astronómica como
astrológica, utilizada como tablilla mágica para exorcismos, al igual que otros
textos donde aparecían sílabas repetidas. Con esto, se perdió cualquier interés
posterior en una tablilla única.
Pero las inscripciones de esta tablilla muestran un aspecto totalmente
diferente si probamos a leerlas no como signos lingüísticos asirios, sino como
palabras silábicas sumerias; pues resulta difícil dudar de que esta tablilla es
una copia asiria de un original sumerio anterior. Si observamos uno de los segmentos
(al que podríamos dar el número I), sus sílabas sin sentido adquieren, literalmente,
pleno significado si utilizamos el valor sumerio de estas palabras silábicas.
Na na na na a na a na un (a lo largo de la línea descendente)
Sha sha sha sha sha sha (a lo largo de la circunferencia)
Sham sham bur kur
Kur (a lo largo de la línea horizontal)
Lo que se nos revela aquí es un mapa de ruta que marca el camino
por el cual el dios Enlil «iba por los planetas», acompañado por algunas instrucciones
de funcionamiento. La línea inclinada a 45 grados parece indicar la línea de descenso
de la nave espacial desde un punto que está «alto alto alto alto», a través de
«nubes de vapor» y una zona inferior en la que no hay vapor, hacia el punto del
horizonte, donde los cielos y el suelo se encuentran.
En los cielos cercanos a la línea horizontal, las instrucciones
a los astronautas cobran sentido: se les dice «preparen preparen preparen» sus
instrumentos para la aproximación final; después, cuando se acercan al suelo,
los «cohetes, cohetes» se encienden para detener la nave que, según parece, se
elevaría («remontar») antes de alcanzar el punto de aterrizaje, dado que tenía
que pasar por encima de terrenos altos o escabrosos («montaña montaña»).
La información que nos proporciona este segmento pertenece,
claramente, a un viaje espacial del mismo Enlil. En este primer segmento, se nos
da un esbozo geométrico preciso de dos triángulos conectados por una línea que
gira en ángulo. La línea representa una ruta, pues la inscripción afirma con claridad
que el esbozo muestra cómo «la deidad Enlil iba por los planetas».
El punto de salida es el triángulo de la izquierda, que representa
las partes más alejadas del sistema solar; la zona objetivo está a la derecha,
donde todos los segmentos convergen hacia el punto de aterrizaje.
El triángulo de la izquierda, que aparece con la base abierta,
se parece a un conocido signo de la escritura pictográfica de Oriente Próximo;
su significado se puede interpretar como «el dominio del soberano, el país montañoso».
El triángulo de la derecha viene identificado por la inscripción shu-ut il Enlil
(«Camino del dios Enlil»); este término, como ya sabemos, identifica a los cielos
septentrionales de la Tierra.
La línea angulada, por tanto, conecta lo que creemos que debió
ser el Duodécimo Planeta -«el dominio del soberano, el país montañoso»- con los
cielos de la Tierra. La ruta pasa entre dos cuerpos celestes -Dilgan y Apin.
Algunos expertos sostienen que estos eran los nombres de estrellas
distantes o partes de constelaciones. Si las actuales naves espaciales, tripuladas
y no tripuladas, navegan a través de situaciones «fijas» predeterminadas por brillantes
estrellas, no se puede descartar que los nefilim utilizaran una técnica de navegación
similar.
Sin embargo, la idea de que estos dos nombres se aplicaran a
tales estrellas distantes no parece encajar con el significado de sus nombres:
DIL.GAN significa, literalmente, «la primera estación», y APIN, «donde se establece
el curso correcto».
Los significados de los nombres indican estaciones en
el camino, puntos por los que hay que pasar. Estamos más de acuerdo con autoridades
como Thompson, Epping y Strassmaier, que identificaron a
Apin con el planeta Marte. Si es así, el significado del esbozo se aclara: la
ruta entre el Planeta del Reino y los cielos de la Tierra pasaba entre Júpiter
(«la primera estación») y Marte («donde se establece el curso correcto»).
Esta terminología, por la cual se relacionaban los nombres descriptivos
de los planetas con su papel en el viaje espacial de los nefilim, se adecua a
los nombres y epítetos de las listas de los Siete Planetas Shu. Como si se hubiera
hecho para confirmar nuestras conclusiones, la inscripción que afirma que ésta
era la ruta de Enlil aparece debajo de un fila de siete puntos -los Siete Planetas
que hay entre Plutón y la Tierra.
No sorprende, por tanto, que los cuatro cuerpos celestes que
restan, los de la «zona de confusión», se muestren por separado, más allá de los
cielos septentrionales de la Tierra y de la banda celeste.
En el resto de segmentos no deteriorados de la tablilla, se
hace evidente también que nos encontramos ante un mapa del espacio y un manual
de vuelo. Siguiendo en la dirección opuesta a las manecillas del reloj, la parte
legible del siguiente segmento lleva la inscripción: «tomar tomar tomar lanzar
lanzar lanzar lanzar completar completar». En el tercer segmento, donde se ve
una parte de la inusual forma elíptica, las inscripciones legibles son «kakkab
SIB.ZI.AN.NA ... enviado de AN.NA ... divinidad ISH.TAR», y la intrigante sentencia:
«Deidad NI.NI supervisor del descenso».
En el cuarto segmento, que tiene lo que parecen ser indicaciones
sobre cómo establecer el destino de uno en función de cierto grupo de estrellas,
la línea de descenso se identifica, concretamente, con la línea de horizonte:
la palabra cielo se repite once veces bajo la línea.
¿Acaso este segmento no representará una fase del vuelo cercana
a la Tierra, cercana al lugar de aterrizaje? Éste podría ser, de hecho, el sentido
de la leyenda que aparece sobre la línea horizontal: «colinas colinas colinas
colinas cima cima cima cima ciudad ciudad ciudad ciudad». La inscripción que hay
en el centro dice: «kakkab MASH.TAB.BA [Géminis] cuyo encuentro está fijado; kakkab
SIB.ZI.AN.NA [Júpiter] proporciona el conocimiento».
Si, como parece ser el caso, los segmentos se disponen en una
secuencia de aproximación, uno casi puede compartir la excitación de los nefilim
cuando se acercaban al espaciopuerto de la Tierra. El siguiente segmento, que
identifica de nuevo la línea de descenso como «cielo cielo cielo», dice también:
Nuestra luz nuestra luz nuestra luz
cambio cambio cambio cambio
observa el sendero y el alto suelo ...tierra llana...
La línea horizontal
tiene, por vez primera, cifras:
cohete cohete cohete ascenso
40
40 40
40 40 20 22 22
planear
La línea superior del siguiente segmento ya no dice «cielo cielo»,
sino «canal canal 100 100 100 100 100 100 100». Se puede discernir un patrón en
este segmento, en gran medida deteriorado. A lo largo de una de las líneas, la
inscripción dice: «Ashshur», que puede significar «El que ve» o «ver».
El séptimo segmento está demasiado deteriorado para poder examinarlo;
las pocas sílabas discernibles que tiene significan «distante distante ... avistar
avistar», y las instrucciones dicen «presionar abajo». El octavo y último segmento,
sin embargo, está casi completo. Las líneas direccionales, las flechas y las inscripciones
marcan un sendero entre dos planetas. Las indicaciones de «remontar montaña montaña»,
muestran cuatro grupos con cruces, donde pone dos veces «combustible agua grano»
y dos veces «vapor agua grano».
¿Sería en este segmento donde se hablaría de la preparación
para el vuelo hacia la Tierra, o trataría del abastecimiento para el vuelo de
regreso al Duodécimo Planeta? Quizás se tratase de lo último, pues la línea con
la flecha puntiaguda que apunta hacia el lugar de aterrizaje en la Tierra tiene,
en su otro extremo, otra «flecha» apuntando en dirección opuesta, y con la leyenda
«Retorno».
Cuando Ea se las ingenió para que el emisario de Anu «hiciera tomar
a Adapa el camino del Cielo» y Anu descubrió el ardid, éste exigió saber:
¿Por qué Ea, a un despreciable humano,
le
reveló el plano Cielo-Tierra
y
lo distinguió prestándole
un Shem [carruaje de los dioses] para él?
En el planisferio que acabamos de descifrar vemos, realmente, este
mapa de ruta, «un plano de Cielo-Tierra». Con el lenguaje de signos y con palabras,
los nefilim nos esbozaron la ruta desde su planeta hasta el nuestro.
Textos que, por lo demás, son inexplicables y que ofrecen datos
de distancias celestes, adquieren sentido también si los leemos en términos del
viaje espacial desde el Duodécimo Planeta. Uno de tales textos, encontrado en
las ruinas de Nippur y que se cree que tiene unos 4.000 años de antigüedad, se
conserva ahora en la Colección Hilprecht de la Universidad de Jena, en Alemania.
O. Neugebauer (The Exact Sciences in Antiquity) afirmaba que la
tablilla era, indudablemente, una copia «de una composición original más antigua»;
en ella, se dan proporciones de distancias celestes, comenzando por la distancia
que hay entre la Luna y la Tierra, para después cruzar el espacio hasta otros
seis planetas.
La segunda parte del texto parece haber proporcionado las fórmulas
matemáticas para resolver cualquier problema interplanetario, planteando (según
algunas lecturas):
40 4 20 6 40 x 9 es 6 40
13 kasbu 10 ush mul SHU.PA
eli mul
GIR sud
40 4 20 6 40 x 7 es 5 11 6 40
10 kasbu 11 ush 61/2 gar 2 u mul
GIR tab
eli mul SHU.PA sud
Los expertos nunca se han puesto del todo de acuerdo a la hora de
leer las unidades de medida de esta parte del texto (el Dr. J. Oelsner,
custodio de la Colección Hilprecht de Jena, nos sugirió una nueva lectura).
Sin embargo, está claro que las distancias medidas en la segunda parte del texto
son de SHU.PA (Plutón) ...