La capacidad de generar pensamientos e identificarse con algunos
de ellos tendría como objetivo último el enunciado por la Teoría de la Evolución:
engendrar la mayor cantidad posible de hijos sanos, los que a su vez estarían
obligados (debido a su programación) a repetir el ciclo indefinidamente. ¿Y todo
para qué? Y todo para preservar la Causalidad (o el Karma) en un nivel elevado
de existencia...
De
Fantasmas y Máquinas
Para las Ciencias Duras el ser humano es simplemente
un robot orgánico, un cyborg que presenta naturalmente actividad mental, la que
se deriva de reacciones químicas acontecidas en el cerebro y que siguen leyes
causales (difusión osmótica, potencial de acción, etc.).
De acuerdo con la Ley de la Causalidad cada efecto tiene una causa previa.
Dado que cada pensamiento es generado por reacciones químicas previas, se concluye
que el flujo de pensamientos experimentado durante nuestra vida completa es en
el fondo una secuencia automática análoga a la secuencia de posiciones que sigue
la trayectoria de un cometa. Un ser humano en meditación profunda sería análogo
a un cometa aislado. Un ser humano participando en un debate político (“múltiples
interacciones”) sería análogo a un cometa pasando por un denso cinturón de asteroides
(colisiones, rebotes, perturbaciones gravitatorias, etc.). ¿Por qué tendría que
ser de otro modo si nuestro cerebro es una máquina orgánica que genera espontánemanete
actividad mental?
Por
otro lado, según la Teoría de la Evolución, cada órgano ha recorrido un largo
camino hacia la perfección con el objetivo de aumentar las probabilidades de supervivencia.
Luego, ¿Qué ventaja reporta a los cyborgs el ser capaces de generar actividad
mental? Obvio: La actividad mental permite fijarse un “objetivo” y a continuación
desarrollar estrategias para conseguirlo. Distintos tipos de animales poseen distintos
niveles de habilidades para desarrolllar estrategias. Los gusanos parecen funcionar
como sistemas de relojería (cero capacidad estratégica), mientras que los felinos
pueden ocultarse, cazar coordinadamente e incluso tenderle “trampas” a las potenciales
presas (o sea, ¡Son capaces de deducir lo que piensan los otros cyborgs!). Por
otro lado, si parte de la actividad mental corresponde a monitorear la propia
actividad mental del cyborg, tendremos que aparecerá el concepto del “yo” cuando
el cyborg se identifique con sus propios estados mentales. Al ocurrir esto aparecerán
nuevos objetivos:
-
Hacer que el yo luzca bien
-
Hacer que el yo sea exitoso
-
Hacer que los demás respeten al yo, etc.
En cualquier
caso, los cyborgs serán esclavos de su propia programación, dado que sus mentes
funcionarán como tuberías huecas por las que circulan pensamientos de acuerdo
con un mecanismo causal, automático y “robótico” (la actividad química neuronal actual es efecto
de la actividad química neuronal previa). La capacidad de generar pensamientos
e identificarse con algunos de ellos tendría como objetivo último el enunciado
por la Teoría de la Evolución: engendrar la mayor cantidad posible de hijos sanos,
los que a su vez estarían obligados (debido a su programación) a repetir el ciclo
indefinidamente. ¿Y todo para qué? Y todo para preservar la Causalidad en un nivel
elevado de existencia (eslabones de causa/efecto formados por cyborgs y no por
meras partículas subatómicas y radiación). Algunos científicos místicos le llaman
a este proceso la “Cerebrización” del Universo. Sin embargo, esta creencia es
solo un intento de camuflar conceptos religiosos dentro de un marco científico.
Desde ese punto de vista la Selección Natural puede llegar a ser tan sagrada
como una entidad divina.
Cualquier persona permeada por el paradigma
científico positivista debe estar de acuerdo con las anteriores conclusiones.
Todo efecto tiene una causa en el pasado, ¿verdad? El objetivo de la Selección
Natural es asegurar que los “más aptos” tengan una numerosa descendencia. ¿O no?
El cerebro es simplemente un complejo computador orgánico... O al menos eso es
lo que dicen los Médicos.
El
error más común asociado a los Modelos Teóricos es intentar utilizarlos más allá
de los límites del escenario en el cual fueron definidos. Los modelos son aproximaciones
a la realidad y estas aproximaciones son satisfactorias mientras se utilicen dentro
de los límites del escenario original. Por ejemplo, el aplicar las ecuaciones
de la Física Clásica a neutrinos expelidos por una estrella supermasiva generará
groseros errores debido a que la Física Clásica exige que el escenario sea de
baja gravedad y que los “actores” se muevan con una rapidez mucho menor que la
de la luz.
Pues
bien, los argumentos iniciales referidos a cyborgs esclavos de su propia programación
adolecen de robustez debido a que han sido deducidos utilizando ciertas leyes
más allá del escenario donde éstas funcionan satisfactoriamente. En este punto
estoy hablando de la Ley de Causa y Efecto. Para que esta ley funcione, se requiere
de la existencia tácita del EspacioTiempo: primero ocurre la causa (en el pasado)
y a continuación ocurre el efecto (en el futuro). ¿Puede haber Ley de la Causalidad
en ausencia de EspacioTiempo? Evidentemente no. Los Físicos saben que el Big Bang
dio origen a todo lo que existe y esto incluye al Espacio y al Tiempo. Está demostrado
que para instantes cercanos al “Tiempo de Planck” (10-44 s “después”
del Big Bang), el comportamiento de los relojes es tan alocado como el que presenta
una brújula durante una tormenta eléctrica. Luego, la Ley de la Causalidad tuvo
un comienzo, ya que en ausencia de EspacioTiempo no se puede tener secuencias
causa/efecto. Por lo tanto, la Ley de la Causalidad fue “inicializada”, o en otras
palabras, existió una “Causa Primera”.
Ahora
imaginemos dos átomos radiactivos del mismo elemento. Supongamos que el átomo
A se desintegró a los 1000 s, mientras que el átomo B se desintegró a los 2000
s. ¿Por qué la diferencia? Según la Ley de la Causalidad, porque A y B deben poseer
una propiedad interna responsable de la diferencia en el tiempo de decaimiento.
Esa propiedad interna no considerada se denomina “variable oculta”. En 1935, Einstein,
Podolsky y Rosen (EPR) idearon un experimento para demostrar la existencia de
las variables ocultas responsables del “aparente” comportamiento estocástico del
mundo cuántico. De este modo se podría probar (para deleite de Einstein) que la
Mecánica Cuántica era una aproximación válida sólo cuando se pasaba por alto la
existencia de esas variables ocultas., del mismo modo como ocurre cuando se desea
pronosticar el resultado que se puede obtener al lanzar un dado. En el caso del
dado tenemos que se utiliza una aproximación estadística (seis resultados equiprobables),
dado que el modelo descarta las variables ocultas, a saber: la posición inicial,
el roce con el aire, la velocidad de disparo, etc. Por paradójico que parezca,
cuando se consiguió contar con la tecnología necesaria para llevar a cabo los
experimentos EPR, estos demostraron, sin excepción, la inexistencia de las variables ocultas. Es decir, no existe
una causa responsable de los distintos tiempos de decaimiento observados entre
átomos radiactivos iguales. Según la Mecánica Cuántica, dos funciones de onda
iguales (las funciones de onda de A y B) siempre darán origen a comportamientos
(u “observables”) distintos... a pesar de ser totalmente iguales.
En general, la Ley de la Causalidad no es respetada durante los “colapsos
cuánticos” (un colapso cuántico es el resultado de una medición). En el mundo
cuántico ocurren efectos que no provienen de ninguna causa previa. Solo ocurren.
Corolario: los seres humanos pueden escoger entre creer
que son robots o creer que son seres libres. El creer que se es un robot significa
validar la Causalidad y permitir que ésta dirija nuestras acciones. El poder de
la Causalidad es el poder que nosotros mismos le otorgamos.
Quien
crea ser una máquina orgánica, lo será.
¿Por qué?
Porque
esa fue su elección.