Cuánto sufrió la vaca de la cual te alimentas
"La gente puede tener la esperanza de que la carne que compra proviene de un animal que murió sin dolor... pero en realidad no quieren enterarse".

Sin Paradigmas




Escribe Peter Singer:

TERNEROS
De todas las formas de producción animal intensiva que hoy se practican, la que mayor repugnancia moral provoca es la de la carne de ternera. La esencia de la producción de ternera es facilitar una comida alta en proteínas a terneras anémicas y confinadas, de manera que produzcan una carne tierna de color pálido que será servida a los clientes de restaurantes caros.
Después, en los años cincuenta, los productores de ternera de Holanda encontraron una manera de mantener al ternero vivo más tiempo sin que la carne enrojeciera o perdiera suavidad. El truco está en mantener al ternero en condiciones extremadamente antinaturales. Si se les permitiera crecer en exteriores, las terneras correrían por los campos, desarrollando músculos que endurecerían su carne y quemando calorías que el productor tendría que reponer con una alimentación costosa. A la vez, comerían hierba y su carne perdería el color pálido característico de los terneros recién nacidos. Por ello, los productores especializados en ternera llevan a sus terneros directamente del corral de subastas a una unidad de confinamiento (...) Sólo abandonan el cajón cuando se las conduce al matadero. Son alimentadas con una dieta totalmente líquida, basada en leche desnatada en polvo a la que se añaden vitaminas, minerales y gas para acelerar el crecimiento. De esta manera, las terneras viven confinadas durante las dieciséis semanas siguientes.

Según la Escuela de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Bristol, Inglaterra:
Las terneras en cajones de 750 mm de ancho no pueden, naturalmente, tumbarse con las patas estiradas [...] Las terneras se tumban así cuando tienen calor y quieren perderlo [...] Las terneras criadas a temperaturas ambiente por encima de los 20°C pueden estar incómodas. Negarles la oportunidad de adoptar una posición especial para maximizar la pérdida de calor sólo empeora las cosas [...] Las terneras de más de diez semanas de edad que estaban dentro de cajones no podían adoptar una postura normal para dormir, con la cabeza metida en el costado. Concluimos que negarles a las terneras la oportunidad de adoptar una postura normal de sueño es un desprecio importante a su bienestar. Para superar esto, los cajones necesitarían tener al menos 900 mm de ancho.

Los cajones de confinamiento son también demasiado estrechos para permitir que la ternera se dé la vuelta. Esto es otra fuente de frustración. Además, un cubículo demasiado estrecho para darse la vuelta es también demasiado estrecho para realizar cómodamente el proceso de higiene, y las terneras tienen un deseo innato de girar la cabeza para limpiarse con la lengua.

Un suelo de tablillas de madera sin ningún material mullido es duro e incómodo; raspa las rodillas de las terneras cuando se levantan o se tumban. Además, los animales con pezuñas están incómodos sobre los suelos de tablillas.

Los jóvenes terneros añoran profundamente a sus madres. También echan de menos algo que poder mamar. El impulso de mamar, como en los bebés humanos, es fuerte en los terneros pequeños. No disponen ni de una ubre ni de ningún sustituto. Desde su primer día de confinamiento —que muy bien pudiera ser sólo el tercero o cuarto de sus vidas— beben de un cubo de plástico.
Más tarde, el ternero desarrolla el deseo de rumiar, esto es, de tragarse el forraje y devolverlo a la boca para masticarlo después. Pero el forraje es un artículo rigurosamente prohibido porque contiene hierro y oscurece la carne, y una vez más, por tanto, el animal debe contentarse con vanos intentos de masticar los laterales de su cubículo.
Los terneros son privados de comida seca. Esto distorsiona completamen te el desarrollo normal del cuajar y favorece el desarrollo de bolas de pelo que pueden producir indigestión crónica.

Los piensos de Provimi, como los de otros fabricantes de piensos para terneras, se mantienen deliberadamente bajos en hierro [ para que la carne se mantenga pálida ]. Una ternera normal obtendría hierro del pasto o de otras formas de forraje, pero como a estas terneras no se les permite, se vuelven anémicas. La carne rosa pálido es, de hecho, carne anémica, y la demanda de carne de este color es una cuestión de esnobismo ya que el color no afecta al sabor ni, por supuesto, la vuelve más nutritiva, sino más bien todo lo contrario: s ólo significa que le falta hierro.

Para reducir la inquietud de los animales aburridos, muchos productores de carne de ternera los dejan en la oscuridad a todas horas, excepto cuando los alimentan. Puesto que los establos no suelen tener ventanas, lo único que hay que hacer es apagar las luces. De este modo los terneros, carentes ya de casi todo el afecto, la actividad y los estímulos que exigen sus naturalezas, se encuentran también privados del estímulo visual y del contacto con otros terneros durante períodos de más de 22 horas, de las 24 que tiene el día. Se ha comprobado que las enfermedades duran más en los establos sin luces'.


VACAS LECHERAS
La vaca lechera que antaño recorría las colinas pacíficamente, incluso idílicamente, es ahora una máquina de fabricar leche sometida a un control y un ajuste extremos. La imagen bucólica de la vaca lechera que juega con su ternero en la pradera no tiene lugar alguno en la producción comercial de leche. Muchas vacas lecheras se crían en interiores. Algunas viven en establos individuales con el espacio justo para ponerse de pie o tumbarse.
La hormona de crecimiento bovino (conoci da en Europa como somatotropina bovina o BST) se está promocionando como una forma de aumentar espectacularmente la producción lechera. Las vacas que reciben inyecciones diarias de la hormona han producido alrededor del 20% más de leche. Pero además de las llagas que se puedan producir por las inyecciones diarias, los cuerpos de las vacas estarán obligados a trabajar aún más duramente; necesitarán una dieta más rica, y es de esperar que sufran aún más por las enfermedades que ya afectan a muchas vacas lecheras. David Kronfels, profesor de nutrición y jefe de medicina de animales grandes en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de Pennsylvania, ha dicho que durante una prueba más de la mitad de las vacas que recibían BST fueron tratadas de mastitis (una dolorosa inflamación de la glándula mamaria), frente a ninguna en el grupo de control que no recibía BST109.

Con frecuencia, en su esfuerzo por obtener más fibra que la que proporciona la dieta de la parcela, el ganado lame su propia piel y la de las otras reses, lo que le puede originar abscesos por la gran cantidad de pelos que entra en la rumia. Diluir el grano con el forraje que el ganado necesita y desea retrasaría, sin embargo, el aumento de peso.

MUTILACIONES
Casi todos los ganaderos quitan los cuernos, marcan y castran a sus animales. Todos estos procesos pueden causar un profundo dolor físico. Se les quitan los cuernos porque con ellos ocupan más espacio en el establo o al transportarlos y pueden herirse unos a otros cuando se les embala apretadamente. Los cuerpos magullados y los cueros estropeados salen caros, pero los cuernos no se componen solamente de hueso insensible. Cuando se quitan los cuernos se cortan también arterias y otros tejidos, lo que hace correr la sangre, especialmente si el corte no se hace al poco tiempo de nacer el ternero.
Se practica la castración porque se piensa que los bueyes engordan más que los toros —aunque, de hecho, parece ser que lo que hacen es sólo aumentar la grasa— y por miedo a que las hormonas masculinas les hagan desarrollar manchas en la carne. También resulta más fácil manejar a los animales castrados. La mayoría de los granjeros admite que la operación provoca un shock al animal y que es dolorosa. Los anestésicos no se suelen usar. El procedimiento que se sigue es el de sostener fuertemente al animal y rajarle el escroto con un cuchillo, dejándole los testículos al aire. Entonces se agarra cada testículo y se tira de él, rompiendo el cordón que lo sujeta; cuando los animales no son tan jóvenes, puede ser necesario cortar el cordón.

Un método muy difundido es marcar al ganado con un hierro candente como protección frente a las pérdidas de reses y a los ladrones de ganado (que todavía existen en algunos lugares), y también para facilitar el conteo. Aunque las pieles del ganado son más gruesas que las de los humanos, no lo son tanto como para proteger a los animales del dolor que les produce el hierro al rojo vivo cuando se les aplica directamente —habiendo sido esquilados antes— y se mantiene encima durante cinco segundos.

Como mutilación adicional, es frecuente que al ganado vacuno se le corte las orejas con un cuchillo bien afilado, dándoles formas especiales para poder identificar a las reses a distancia cuando están en los pastos o cuando se les observa de frente o por detrás y las marcas no son visibles.

Y, por último, al reflexionar sobre el bienestar de los animales en los sistemas tradicionales es importante recordar que casi todos los métodos llevan implícita la separación de la madre y de su cría a una edad muy temprana, produciéndose inevitablemente una gran tensión en ambos. Ninguna forma de producción animal les permite crecer y convertirse en parte de un rebaño de animales de edades diversas, como pasaría en condiciones naturales.

TRANSPORTE
Aunque la castración, el marcado y la separación de las madres de sus crías han causado sufrimiento a los animales de la granja durante siglos, la crueldad del transporte y del matadero despertó en el siglo XIX las más angustiosas súplicas por parte del movimiento humanitario.
Es fácil que el ganado que se mete por vez primera en su vida en un camión se sienta aterrado, sobre todo si los hombres que cargan el camión les dan un trato apresurado y brusco. El movimiento del vehículo es también una experiencia nueva que puede ponerles enfermos. Después de uno o dos días en el camión, sin alimento ni agua, los animales están desesperadamente sedientos y hambrientos.
Si viajan durante el invierno, los vientos bajo cero pueden provocarles fuertes enfriamientos; en verano, el calor y el sol pueden contribuir a la deshidratación causada por la falta de agua. Nos resulta difícil imaginar lo que puede sufrir el ganado con esta combina ción de miedo, mareo, sed, hambre, agotamiento y, posiblemente, graves enfriamientos.

Aunque los animales son incapaces de describir sus experiencias, las reacciones de sus cuerpos nos dan una pista. Hay dos reacciones fundamentales: el «encogimiento» y la «fiebre del transporte». Todos los animales pierden peso durante el transporte (...) No es en absoluto infrecuente que, en un solo viaje, un novillo de 360 kg pierda 32, esto es, el 9% de su peso, y a veces son necesarias tres semanas para que el animal recupere lo perdido.




El encogimiento y la susceptibilidad a la fiebre son muestras de que los animales han sido sometidos a mucho estrés; pero, al fin y al cabo, los afectados por estas enfermedades son también los que sobreviven. Otros mueren antes de llegar a su destino, o llegan con miembros rotos u otras lesiones.
Los animales que mueren en el trayecto no tienen una muerte fácil. En invierno se congelan, y en verano se colapsan a causa del agotamiento que les producen la sed y el calor.

EL MATADERO
Dar muerte a un animal es un acto que produce cierto malestar. Se ha dicho que si tuviéramos que sacrificar nosotros mismos a la carne que nos sirve de alimento, todos seríamos vegetarianos (...) El público puede tener la esperanza de que la carne que compra proviene de un animal que murió sin dolor, pero en realidad no quiere enterarse (...) Se supone que los animales quedan inconscientes mediante la aplicación de corriente eléctrica o el uso de una pistola de proyectil cautivo, y que se les corta el cuello mientras están en este estado. Probablemente han podido sentir terror poco antes de morir, cuando se les aguijoneaba para que subieran la rampa del matadero, oliendo la sangre de los que habían estado antes allí; pero el momento concreto de la muerte puede carecer totalmente, en teoría, de dolor.

Según un periodista del Washington Post:
El proceso comienza cuando los animales, que chillan, son dirigidos por una rampa de madera en la que un trabajador los aturde aplicándoles a las cabezas una descarga eléctrica. Conforme van cayendo por la descarga, un trabajador cuelga rápidamente a los animales boca abajo de una cinta transportadora, colocando las patas traseras en una pinza metálica. A veces los animales aturdidos caen de la cinta transportadora y recuperan la consciencia, y los trabajadores tienen que esforzarse por izar las patas traseras del animales hasta las pinzas metálicas antes de que comiencen a correr alocadamente por ese espacio cerrado. De hecho, los animales son matados por un trabajador que les clava en la vena yugular, mientras están aturdidos y a menudo revolviéndose aún, un cuchillo para que se desangren casi por completo. Los animales recién sacrificados son llevados desde el matadero ensangrentado a la olla de escaldar.

Otro grave problema de esta industria es que, al ser tan desagradable, los empleados no duran mucho y en muchas plantas el movimiento anual suele estar entre el 60 y el 100%. Esto significa que hay un flujo constante de personal sin experiencia que maneja animales asustados en un entorno extraño.

El poleax es, más que un hacha, un mazo pesado. El hombre que empuña su largo mango se sitúa por encima del animal e intenta dejarlo inconsciente de un solo golpe. El problema es que tiene que apuntar con un movimiento rápido por encima de la cabeza a un blanco que no está inmóvil; para lograr su objetivo, el mazo debe atinar en un punto preciso de la cabeza del animal y, dado el estado de terror en que éste se encuentra, es muy probable que la mueva. Si la moción del mazo se desvía mínimamente, puede atravesarle un ojo o la nariz; entonces, mientras el animal se agita con agonía y terror, puede ser necesario asestarle varios golpes más para dejarlo inconsciente.



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