PRUEBAS DE TOXICIDAD
Sin Paradigmas



Escribe Peter Singer:

Para determinar lo venenosa que es una sustancia se realizan «pruebas de toxicidad oral aguda». Estas pruebas, desarrolladas en los años veinte, obligan a los animales a ingerir sustancias tóxicas, incluyendo productos no comestibles como el carmín de labios y el papel. Muy a menudo, los animales no se comen la sustancia si simplemente se pone en su comida, por lo que los experimentadores se la introducen a la fuerza por la boca o a través de un tubo por la garganta. Se llevan a cabo pruebas estándar durante catorce días, pero algunas pueden durar hasta seis meses —si los animales sobreviven tanto—. Durante este tiempo, los animales a menudo muestran los síntomas clásicos del envenenamiento, incluyendo vómitos, diarrea, parálisis, convulsiones y hemorragias internas.

La prueba más conocida es la LD50. LD50 significa «Dosis Letal 50%»: la cantidad de sustancia que causará la muerte a la mitad de los animales del experimento. Para hallar esta dosis se envenena a grupos seleccionados de animales. Normalmente, antes de que se llegue al punto en que muere la mitad, los animales están muy enfermos y angustiados. En el caso de sustancias poco dañinas, se sigue considerando un buen procedimiento hallar la concentración que hará que muera la mitad de los animales; por tanto, hay que forzarles a ingerir enormes cantidades y se les puede provocar la muerte simplemente por la gran cantidad o la alta concentración que se les ha administrado, sin que esto sea relevante para las circunstancias en que los humanos van a hacer uso del producto. Puesto que el foco de estos experimentos es medir la cantidad de sustancia que envenenará a la mitad de los animales, los animales moribundos no son sacrificados por miedo a producir resultados inexactos. La Office of Technology Assessment del Congreso de Estados Unidos ha calculado que en este país se utilizan cada año «varios millones» de animales para realizar pruebas de toxicidad. No se dispone de datos más específicos sobre las pruebas LD5050.

Los cosméticos y otras sustancias se ponen a prueba en los ojos de los animales. Las pruebas Draize de irritación de los ojos se usaron por vez primera en los años cuarenta, cuando J. H. Draize, trabajando para la Food and Drug Administration de Estados Unidos, desarrolló una escala para valorar lo irritante que es una sustancia cuando se coloca en el ojo de un conejo. Se suele colocar a los animales en unos aparatos que sólo dejan fuera sus cabezas. Esto impide que se rasquen o froten los ojos. Se pone la sustancia a probar (blanqueador de ropa, champú, tinta...) en un ojo de cada conejo. El sistema empleado consiste en separar el párpado inferior y colocar la sustancia en la pequeña cavidad resultante. Después se mantiene el ojo cerrado. A veces se repite la aplicación. Se observa diariamente a los conejos para ver si se produce hinchazón, ulceración, infección y hemorragias. Los estudios pueden durar hasta tres semanas. Un investigador que trabajaba para una gran compañía de productos químicos describió el grado más fuerte de reacción de la siguiente manera:
Pérdida total de la visión debido a una grave lesión interna de la córnea o de la estructura interna. El animal mantiene el ojo fuertemente cerrado. Puede que chille, se arañe el ojo, salte e intente escapar.

Muchos científicos y médicos han criticado este tipo de pruebas, aduciendo que los resultados no son aplicables a los seres humanos. El doctor Christopher Smith, un médico de Long Beach, California, ha dicho:
Los resultados de estas pruebas no pueden utilizarse para predecir la toxicidad ni para guiar la terapia relativa a la exposición de humanos. Como médico de emergencias colegiado, con más de 17 años de experiencia en el tratamiento de envenenamientos accidentales y exposiciones tóxicas, no conozco una sola ocasión en la que un médico de emergencias haya usado los datos obtenidos con la prueba Draize para solucionar un daño ocular. Nunca he usado los resultados de pruebas en animales para tratar un envenenamiento accidental. Los médicos de emergencias utilizan informes de otros casos, experiencias clínicas e información experimental de pruebas clínicas con humanos cuando hay que determinar el tratamiento óptimo para los pacientes.


A diferencia de otras Ciencias, y debido a un exceso de celos profesionales, no existen bases de datos donde los experimentadores puedan comparar los resultados de sus experimentos con otros similares realizados por sus pares.
Según la edición del 17 de abril de 1987 de la revista Science:
Las pruebas innecesarias siguen consumiendo todavía a una gran cantidad de animales, no sólo por exigencias anticuadas sino porque gran parte de la información existente no es fácilmente accesible. Theodore M. Farber, director de la División de Toxicología [de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos], dijo que su agencia tiene archivos de 42 000 pruebas completadas y de 16 000 pruebas LD50. Dijo que podrían ser de una utilidad mucho mayor en la eliminación de pruebas redundantes si se computerizaran para facilitar el acceso. «Muchos de los que trabajamos en la regulación de tóxicos vemos cómo se repiten los mismos estudios una y otra vez», observó Farber.



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