LAS AVES TAMBIÉN SUFREN
Sin Paradigmas



"Una gallina es sólo la manera en que un huevo hace otro huevo".

Samuel Butler, empresario avícola.

"La gallina es sólo una máquina productora de huevos. El objetivo de la producción de huevos es hacer dinero. Cuando lo olvidamos, hemos olvidado para qué estamos aquí"

Fred C. Haley, empresario avícola.

"La ponedora moderna sólo es, después de todo, una máquina de conversión muy eficiente, que transforma la materia prima -sustancias alimenticias- en un producto acabado -el huevo-, descontando, por supuesto, los gastos de mantención".

Farmer and Stockbreeder, 30 de enero de 1982.

 

POLLOS
Escribe Peter Singer:
El primer animal al que se alejó de las condiciones relativamente naturales de la granja tradicional fue el pollo. Los seres humanos utilizan los pollos de dos maneras: por su carne y por sus huevos. Ahora existen técnicas normalizadas de producción a gran escala para obtener ambos artículos.

[ Los pollos al ser criados con técnicas modernas, sufren los "vicios" de desplumarse y comerse entre ellos debido al hacinamiento ]

El granjero debe acabar con los «vicios», puesto que le cuestan dinero; pero, aunque sepa que se deben al amontonamiento, no puede solucionar el problema porque su eliminación, en el estado competitivo en que se encuentra la industria, significaría eliminar a la vez sus ganancias marginales: los costes del edificio, del equipo mecanizado de alimentación, del combustible empleado en calentar y ventilar el edificio y de la mano de obra seguirían siendo los mismos, pero al haber menos aves que alimentar en cada nave, se reducirían los beneficios. El granjero, por tanto, limita sus esfuerzos a reducir las consecuencias de esa tensión que le cuesta dinero. Las condiciones antinaturales de cría provocan los vicios, pero para controlarlos el granjero debe hacer que las condiciones sean aún más antinaturales. Una manera de conseguir esto es una iluminación muy tenue, pero otro paso mucho más drástico, usado ahora casi universalmente en la industria, es el «corte del pico».

Una cuchilla excesivamente caliente causa ampollas en la boca. Una cuchilla roma o fría puede ocasionar el desarrollo de un bulto carnoso y bulboso en el extremo de la mandíbula.
Tales bultos son muy sensibles.

Incluso cuando la operación se realiza correctamente, es un error pensar que se trata de un procedimiento indoloro, como cortar las uñas de los pies. Ya un comité de expertos del Gobierno inglés, dirigido por el profesor de zoología F. W. Rogers Brambell, señaló hace algunos años:
Entre la sustancia córnea y el hueso hay una fina capa de un tejido blando extremadamente sensible, parecido a «la carne viva» de la uña humana. El cuchillo caliente utilizado en la amputación del pico atraviesa este compuesto de sustancia córnea, hueso y tejido sensible, causando un dolor intenso.

Además, el perjuicio causado al ave por el corte del pico es de largo alcance: los pollos mutilados de esta forma comen menos y pierden peso durante varias semanas. La explicación más lógica para esto es que el pico lacerado continúa causando dolor.

Hay también otra posible solución. El corte del pico, que se realiza de forma rutinaria para evitar el canibalismo en la mayoría de las granjas avícolas, reduce enormemente los daños que pueden causarse los pollos entre sí. Pero es obvio que no hace nada para reducir el estrés y el hacinamiento que son los primeros causantes de este canibalismo antinatural. Los granjeros antiguos, al mantener un número reducido de pollos en un espacio mayor, no tenían necesidad de cortar el pico a sus aves.

En otra época, los miembros de un gallinero eran individuos; si uno de ellos intimidaba a los otros (cosa que podía suceder, aunque no fuese la norma), se le alejaba de la bandada. De la misma manera, si alguno enfermaba o se lesionaba se le atendía o bien se le sacrificaba rápidamente en caso de considerarse necesario. Hoy en día, una sola persona se ocupa de varias decenas de miles de aves. Un ministro de agricultura de Estados Unidos escribió con entusiasmo que bastaba una persona para cuidar entre 60 000 y 75 000 pollos.

Hacinamiento de Pollos
(...) Pero además de ésta hay otras formas de asfixia. Existe el fenómeno del «amontonamiento». Los pollos que viven en estas condiciones se convierten en criaturas nerviosas e inquietas. Deshabituados a una luz fuerte, a ruidos o a otras intromisiones, cualquiera de estos fenómenos pueden crearles un estado de pánico y hacerles huir a un rincón de la nave. En su carrera desenfrenada hacia sitio seguro, se amontonan unos encima de otros de tal forma que, como describe el encargado de una granja, se «asfixian unos a otros creando una pila lastimosa de cuerpos en un rincón de la zona de cría».

El rápido ritmo de crecimiento también causa lesiones y deformidades que fuerzan a los productores a sacrificar entre un 1 y un 2% de los pollos —y puesto que sólo se retiran los casos más severos, la cantidad de aves que sufren deformidades tiene que ser mucho más alta—. Los autores de un estudio de una forma específica de lesión concluyeron:
«Consideramos que las aves podrían haber sido criadas para crecer tan rápido que se encuentran al borde del colapso estructural».



Al tener que estar de pie y sentarse sobre una arena podrida, sucia y cargada de heces, los pollos también sufren de pies ulcerados, ampollas en el pecho y quemaduras en los codos. Las «piezas de pollo» son a menudo partes de pollos dañados que no se pueden vender enteros. No obstante, los daños en las patas no suponen problema alguno para la industria, puesto que de todas formas éstas son cortadas después de muertos.

GALLINAS PONEDORAS
El sufrimiento empieza pronto en la vida de las gallinas ponedoras. Los polluelos recién incubados son divididos en machos y hembras por un «sexador de pollos». Puesto que los machos no tienen valor comercial, se descartan. Algunas compañías gasean a los pequeños polluelos, pero es más frecuente que se les arroje vivos a un saco de plástico donde acaban asfixiados por el peso de los otros polluelos que caen encima de ellos. Otros son molidos, aún vivos, para ser convertidos en pienso para sus hermanos. Al menos 160 millones de aves son gaseadas, asfixiadas o mueren de esta forma al año tan sólo en Estados Unidos. Es imposible saber qué cantidad de aves sufre uno u otro destino concreto, ya que no se hacen estadísticas: para los criadores, la muerte de estos polluelos machos es como para nosotros sacar la basura.

Cualesquiera que sean las técnicas utilizadas en la actualidad, todos los grandes productores de huevos guardan a sus ponedoras en jaulas [ también llamadas "baterías" ]
(...) Más tarde se descubrió que había cabida para más aves y que se podían reducir los costes por ave si se colocaban dos por jaula. Esto sólo fue el primer paso. Ahora ya no se intenta llevar la cuenta de los huevos que pone cada gallina. Las jaulas se usan para aumentar la cantidad de aves a las que se puede albergar, calentar, alimentar y suministrar agua en un solo edificio, y para utilizar mejor el equipo automático que ahorra mano de obra.

Según la periodista Mary Rita Kierck:
Cuando se entra en el cobertizo de las pollas la reacción es inmediata: un auténtico pandemonio. Los graznidos son altos e intensos; unas 20 000 aves se apelotonan en lo más recóndito de sus jaulas por temor a los intrusos humanos.

El suelo metálico tiene también una justificación económica. El excremento cae a través de las rejas y se amontona durante muchos meses hasta que se recoge en una sola operación (algunos productores lo retiran más a menudo, otros no). Desgraciadamente, los dedos de una gallina no se adaptan bien a vivir sobre las rejas metálicas, y cuando alguien se molesta en hacer una inspección es muy frecuente que se los encuentre lesionados. Al no tener un suelo sólido donde desgastar las uñas, se hacen muy largas y pueden engancharse permanentemente en el alambre de una jaula. Un ex presidente de una organización avícola nacional recordaba esto en una revista de la industria:
Descubrimos que las gallinas habían crecido literalmente amarradas a las jaulas. Parece ser que sus uñas se habían enganchado en la malla de alambre y no se podían soltar. Por lo tanto, con el tiempo, la carne de los dedos había crecido completamente alrededor del alambre. Afortunadamente para ellas, habían quedado enganchadas cerca de la parte delantera de las jaulas, por lo que tenían acceso al alimento y al agua.

¿Cómo son las jaulas de las gallinas ponedoras en contraste con estas mínimas normas fijadas para las aves en general?
Para responder a esta pregunta debemos saber que la envergadura media de una ponedora del tipo común es de unos 75 cm. El tamaño de las jaulas varía, pero según el Poultry Tribune
El tamaño típico es de 12 por 20 pulgadas, donde puede haber desde una hasta cinco gallinas. El espacio disponible por ave varía desde 240 a 483 pulgadas cuadradas, despendiendo del número de aves por jaula. Hay una tendencia a hacinar a las ponedoras para reducir los costes de edificio y equipo por ave.

Obviamente, este tamaño es demasiado pequeño incluso para que una sola gallina pueda estirar sus alas del todo, mucho menos si hay cinco gallinas en la misma jaula —y como se indica en la última línea del pasaje citado, cuatro o cinco aves, no una o dos, es lo normal en la industria.

En Australia, donde un «Código de Práctica» del Gobierno sugiere que no debería haber más de cuatro gallinas en una jaula de 18 por 18 pulgadas, una visita sorpresa a una granja en el Estado de Victoria en 1988 reveló que había siete aves en una jaula de este tamaño, y cinco o seis en otras muchas. Aun así, el Departamento de Agricultura del estado de Victoria se negó a enjuiciar al productor. Siete aves en una jaula de 18 pulgadas cuadradas tienen tan sólo 289 centímetros cuadrados, o 46 pulgadas cuadradas. Con este promedio de ocupación, una página de papel representa el espacio vital de dos gallinas, y las aves se encuentran prácticamente una encima de la otra.
Bajo las condiciones normales de las modernas granjas productoras de huevos de Estados Unidos, Inglaterra y casi todas las naciones desarrolladas (excepto, en el próximo futuro, Suiza, los Países Bajos y Suecia), se frustran todos los instintos naturales de las aves. No pueden andar, escarbar la tierra, revolcarse en el polvo, construir un nido o estirar las alas. No forman parte de un grupo como en los gallineros. No pueden distanciarse de las otras, ni pueden las más débiles escapar de los ataques de las más fuertes, ya enloquecidas por las condiciones antinaturales. El descomunal grado de hacinamiento tiene como consecuencia lo que los científicos llaman un estado de «estrés», parecido al estrés que se produce en los seres humanos sometidos a situaciones de hacinamiento, reclusión y frustración de las actividades básicas. Ya hemos visto que en los pollos de engorde este estrés conduce al picoteo agresivo y al canibalismo.

La imposibilidad de construir un nido y poner un huevo en él es otra fuente de frustración para la gallina. Konrad Lorenz ha descrito el proceso de la puesta del huevo como la peor tortura que sufre una gallina en batería: Para la persona que sabe algo sobre los animales es verdaderamente penoso ver cómo una gallina trata una y otra vez de arrastrarse bajo sus compañeras de jaula, buscando en vano un lugar cubierto. En estas circunstancias, las gallinas indudablemente tratarán de retener el huevo tanto tiempo como les sea posible. Su repugnancia instintiva a poner huevos en medio de la multitud de sus compañeras de jaula es, ciertamente, tan grande como la de las personas civilizadas a defecar en una situación análoga".

La opinión de Lorenz ha sido reforzada por un estudio en el que las gallinas conseguían alcanzar un cajón de anidar sólo después de superar obstáculos cada vez más difíciles. Su gran motivación para poner en el nido la mostraba el hecho de que se esforzaban tanto por llegar al cajón de anidar como lo hacían por obtener alimento tras haber sido privadas de comer durante veinte horas.

Dos científicos observaron a gallinas que habían sido mantenidas en jaulas durante los primeros seis meses de vida y encontraron que, en los primeros diez minutos después de ser liberadas, la mitad de las gallinas ya había sacudido las alas, una actividad difícilmente realizable en las jaulas. Lo mismo sucede con el baño de polvo — otra importante actividad instintiva que ha demostrado ser necesaria para mantener la calidad de las plumas —. Una gallina de corral encontrará un área adecuada de tierra fina, formará un hueco, espolvoreará tierra entre las plumas y después se sacudirá enérgicamente para retirar el polvo. La necesidad de hacer esto es instintiva y se halla incluso entre las aves enjauladas (...) tan pronto como las gallinas descubrieron que podían elegir, ninguna puso huevos sobre suelos de alambre, ni siquiera sobre hierba sintética. Significativamente, el estudio descubrió que casi todas las gallinas criadas sobre lecho de paja abandonaban los cajones de anidar a los 45 minutos de haber entrado en ellos, pero las que se habían criado en jaulas parecían estar tan encantadas con sus comodidades recién estrenadas que al concluir este período ¡el 87% de las gallinas seguían sentadas sobre el cajón!.



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