Historia del Especismo
Sin Paradigmas



Escribe Peter Singer:

Cuando una actitud está tan profundamente enraizada en nuestro pensamiento que llegamos a considerarla una verdad incuestionable, un desafío serio y consistente a esa actitud corre el riesgo de caer en el ridículo (...) Las actitudes de generaciones anteriores ante los animales ya no son convincentes porque giran en torno a unos presupuestos —religiosos, morales, metafísicos— que se han quedado obsoletos.

[ En todo caso, los QHs se rigen por la Ley de la Depredación de sus semejantes, lo cual es una variación del especismo. Dado que Ellos son los Jefes, entonces creen que tienen el derecho "sagrado" de abusar del resto de la humanidad para así conseguir implantar su Nuevo Orden Mundial.
Santo Tomás de Aquino tenía un punto de vista similar respecto del trato de los hombres hacia los animales: ]

No importa cómo se comporta el hombre con los animales, porque Dios ha sometido todas las cosas al poder del hombre y es en este sentido en el que el Apóstol dice que a Dios no le importan los bueyes, porque Dios no le pregunta al hombre lo que hace con los bueyes u otros animales.

El párrafo siguiente, de un texto católico romano americano contemporáneo, sirve para ilustrar, comparándolo con el anterior de santo Tomás, que las actitudes hacia los animales siguen siendo las mismas:
En el orden de la naturaleza, lo imperfecto existe para lo perfecto, lo irracional para servir a lo racional. Al hombre, como animal racional, se le permite usar para sus necesidades reales las cosas que están por debajo suyo en este orden de la naturaleza. Necesita comer plantas y animales para mantener su vida y su fuerza. Para comer plantas y animales, tiene que matarlos.

Nosotros ya sabemos que esta última afirmación es falsa debido a que existen deportistas profesionales de elite que son 100% vegetarianos (o "Veganos").

La teoría de Descartes permitía que el experimentador se librara de cualquier escrúpulo que pudiese albergar bajo estas circunstancias. El mismo Descartes diseccionaba animales vivos para mejorar sus conocimientos de anatomía, y muchos de los prominentes fisiólogos del período se declaraban cartesianos y mecanicistas. La siguiente narración presencial de algunos de los experimentadores que trabajaban en el seminario jansenista de Port Royal a finales del siglo XVIII deja clara la conveniencia de la teoría de Descartes:
Administraban palizas a perros con total indiferencia y se mofaban de los que se apiadaban de las criaturas como si sintieran dolor. Decían que los animales eran relojes; que los chillidos que emitían cuando se les golpeaba sólo eran ruidos de un resorte que habían tocado, pero que el cuerpo entero carecía de sensibilidad. Clavaban a los pobres animales en maderos por las cuatro patas para practicar la vivisección y ver la circulación de la sangre, que era un gran tema de conversación.

Voltaire expuso la falla lógica de los Mecanicistas:
Hay salvajes que se apoderan de este perro, que tan sobradamente supera al hombre en fidelidad y amistad, lo clavan a una mesa y lo despedazan vivo para mostrar sus venas mesentéricas. Se descubren en él los mismos órganos sensoriales que en uno mismo. Contéstame, Mecanicista, ¿Es que la Naturaleza ha dispuesto todos los resortes sensoriales en este animal con el fin de que no sienta?

Por su parte, Charles Darwin afirmó lo siguiente:
El hombre en su arrogancia se cree una gran obra, merecedor de la mediación de una deidad. Más humilde, y yo pienso más cierto, es considerar que fue creado a partir de los animales (...)
Hemos visto que los sentidos y las intuiciones, las diversas emociones y facultades, tales como el amor, la memoria, la atención y la curiosidad, la imitación, la razón, etc., de las que presume el hombre, pueden encontrarse en una condición incipiente, e incluso a veces bien desarrolladas, en los animales inferiores.

T. H. Huxley, el mayor paladín de Darwin, dijo:
Nadie está más firmemente convencido que yo de que existe un enorme abismo entre el hombre civilizado y las bestias; nuestra reverencia por la nobleza del género humano no disminuirá por el conocimiento de que el hombre es, en esencia y en estructura, lo mismo que las bestias.


El Sistema crea personalidades esquizofrénicas:
Nuestras actitudes hacia los animales comienzan a tomar cuerpo cuando somos muy pequeños y están dominadas por el hecho de que empezamos a comer carne a una edad temprana. Resulta interesante que al principio muchos niños se nieguen a comer carne y que sólo se acostumbren a ello después de los denodados esfuerzos de sus padres, quienes creen, equivocadamente, que es necesario para gozar de una buena salud. Cualquiera que sea la reacción inicial del niño, sin embargo, lo que hay que destacar es que comemos carne animal antes de estar capacitados para entender que lo que comemos es el cadáver de un animal. Así, pues, nunca tomamos una decisión consciente reflexiva, libre de la parcialidad que acompaña a todo hábito establecido y reforzado por las presiones del conformismo social, de comer carne animal. A la vez, los niños sienten un amor natural por los animales, y nuestra sociedad les fomenta el afecto por animales como los perros y los gatos y por los simpáticos animales de peluche. De estos hechos surge la característica más distintiva de las actitudes de los niños ante los animales en nuestra sociedad — esto es, que no hay una actitud unificada sino dos en conflicto, que coexisten en el mismo individuo cuidadosamente separadas de forma que la contradicción inherente entre ellas apenas causa problemas.

(...) De ahí que haya surgido un problema: ¿qué pasa con los animales que nos comemos? Una respuesta es la simple evasión. El afecto del niño por los anima les se dirige hacia aquellos que no se comen: perros, gatos y demás animales de compañía, ya que son éstos los que un niño urbano tendrá más probabilidades de ver. Los graciosos peluches suelen ser osos o leones, más que cerdos y vacas. Sin embargo, cuando se menciona a los animales de granja en los libros de ilustraciones o en los cuentos y en los programas de televisión infantiles la evasión puede convertirse en un intento deliberado de engañar al niño sobre la naturaleza de las granjas modernas y, por tanto, de ocultarle la realidad.

Así, pues, la ignorancia es la primera línea de defensa del especista, aunque cualquiera puede superarla fácilmente si dispone de tiempo y está decidido a enterarse de la verdad. La ignorancia ha durado tanto sólo porque la gente no quiere enterarse de la verdad. «No me lo digas, me estropearás la comida», es la respuesta habitual ante un intento de decirle a alguien simplemente la manera en que fue producida aquella comida.

En cualquier caso, la idea de que los «humanos están primero» se utiliza más a menudo como una excusa para no hacer nada por los animales humanos ni por los no-humanos que como una verdadera elección entre alternativas incompatibles. Porque lo cierto es que aquí no hay incompatibilidad alguna.
De hecho, los que dicen preocuparse por el bienestar de los humanos y la conservación de nuestro medio ambiente deberían hacerse vegetarianos aunque sólo fuese por esa razón. De este modo aumentaría la cantidad de grano disponible para alimentar a las personas en otras partes, se reduciría la contaminación, se ahorraría agua y energía y se dejaría de contribuir a la tala de los bosques; además, puesto que un régimen vegetariano es más barato que uno basado en platos de carne, dispondrían de más dinero para dedicarlo a la reducción del hambre en el mundo, el control de la población o cualquier causa social o política que consideraran más urgente. No se me ocurriría dudar de la sinceridad de los vegetarianos que se toman poco interés por la liberación animal porque dan prioridad a otras causas; pero cuando los no vegetarianos dicen que «los problemas humanos están primero», no puedo evitar preguntarme qué es exactamente lo que están haciendo por los humanos que les obliga a continuar apoyando la cruel e innecesaria explotación de los animales de granja.
A menudo se dice, como corolario a la idea de que «los humanos están primero», que las personas dedicadas a las sociedades protectoras de animales se preocupan más por los animales que por los humanos. No hay duda de que esto es cierto de algunos. Históricamente, sin embargo, los líderes del movimiento a favor de la protección de los animales se han preocupado mucho más por los seres humanos que otros que no se han preocupado en absoluto por los animales. De hecho, a menudo coinciden los líderes de los movimientos contra la opresión de los negros y las mujeres y los del movimiento contra la crueldad con los animales; esto es tan frecuente que nos proporciona un tipo inesperado de confirmación del paralelismo que hay entre el racismo, el sexismo y el especismo.

Algunas personas justifican el comer animales, diciendo que el orden natural nos muestra que el más fuerte se come al más débil...
Es extraño que los humanos, que se suelen considerar tan por encima del resto de los animales, estén dispuestos, si ello les favorece en sus preferencias alimenticias, a utilizar un argumento que implica que debemos considerar a los otros animales como inspiración moral y guía.

 

 

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